CORAJE Y DINERO. El camino de tu riqueza (I)

Hace ya bastantes años, cuando comenzaba mi proceso de transformación gracias a mi coach y maestra, Dana Jakubik, en una de sus sesiones sagazmente me preguntó: “Seguro que siempre has tenido dinero para comprar lo que has deseado, lo que verdaderamente querías ¿verdad?” Y, deteniendome un momento, hice memoria y con mayúscula sorpresa me di cuenta de que sí, que siempre había tenido dinero para comprar lo que más me gustaba, ya fueran cómics, libros o discos…

Desde que tengo “uso de razón”, recuerdo que nunca me faltaron unas monedas para comprar, mejor dicho, cambiar (que era lo que se hacia antes) un tebeo en el puesto de pipas del señor Antonio o en otros lugares similares que existían en del barrio. ¿Cómo aparecía ese dinero? De las más diversas formas: desde “el salario semanal”, de sobra insuficiente para mi voraz apetito, hasta el sustraer algún que otro trozo de cobre o plomo de un edificio en demolición o construcción vecino (y revenderlo en el Rastro), pasando por no comprar un bollo o un bocadillo para desayunar en el colegio o instituto.

El Capitán Trueno

El Capitán Trueno

Esto último fue convirtiéndose en una estupenda forma de ahorrar, y ahora me doy cuenta de lo importante que fue el aprender a retrasar placeres inmediatos para construir mi fuerza de voluntad. La comida tenía menos importancia que la lectura y, sucumbiendo a las tentaciones del Bucanero o del Tigretón, guardaba esas pesetas en el bolsillo para cambiar los ejemplares del Capitán Trueno y el Jabato, antes de pasar a los primeros Marvel que se editaron en España. Y, para los que no lo sepan, un poco feos, ya que la editorial remontó las historietas  y las comercializó en un reducido formato de novela de bolsillo, en blanco y negro y con nuevas portadas realizadas por autores españoles, es decir, nada que ver con el original, aunque nosotros no lo supimos hasta mas tarde.

Dan Defensor (Dare Devil)

Dan Defensor (Dare Devil)

 

 

 

“Casualmente” siempre había dinero para ir a comprarlas o cambiarlas. Lo que recuerdo es que leía todo lo que salía allá por los primeros años setenta, es decir, a mis 12 años. No puedo olvidar también que el “sise” al monedero de mi madre fue, en ocasiones, parte importante para satisfacer esas “urgencias”.

 

 

 

 

Y luego llegó el cine. Desde los 12 años hasta los 16, que dejé de hacerlo, contabilicé una media de más de 400 películas visionadas al año, tanto en pantalla grande como en televisión, y no había video, claro. 1.200 filmes en esos cuatro años, luego perdí la cuenta. ¿Qué me movía además de mi pasión? Creo que era amor, amor al celuloide, a lo nuevo y desconocido, a la evasión también. Y… ¿cómo podía ver tantas películas? En la televisión de los 70 se podían ver un par a la semana o más, y los cines de barrio programaban dos películas en sesión continua. Yo iba unas tres veces a la semana a estos pases: el primero solo, haciendo novillos por la tarde de clase, el segundo con mis amigos el fin de semana y el tercero con mis padres. A veces cambiaba y acudía dos veces por mi cuenta y ¡riesgo!

Los 400 golpes, de Truffaut

Los 400 golpes, de Truffaut

Ahora, y ¿cómo me hacía con el dinero para ir un tantas veces al cine? El recurso de no gastarme el dinero del bocata se convirtió en la primera fuente de ingresos, la segunda el monedero de mi complaciente madre y la tercera, si quería salir del barrio…¡pidiendo a la entrada del metro! Nadie lo hacía y pocos negaban a un crío de esa edad cinco pesetas para entrar, que era el precio del billete. Con 15 o 20 pesetas podía hacer los dos recorridos (si era menester) y comprar la entrada.

Recuerdo que  tuve durante ese tiempo un fichero con las películas vistas, donde escribía en una cara de la tarjeta rayada sus datos técnicos y artísticos y por la otra “mi crítica” del filme. Además recortaba los afiches de los periódicos y les grapaba la reseña de los críticos cinematográficos. Mis padres, al ver mi afición, me regalaron un par de libros con la historia y la estética del cine y su técnica. Y a los 15 o 16 años comencé a leer los primeros números de la revista especializada “Dirigido por…”, aparecida en el mercado en 1972.

La consecuencia de esta pasión fue que a los 14 años ya inauguraba y dirigía el cine-club del Instituto y, por ejemplo, pedía a los porteros y acomodadores de las salas de mi barrio los carteles usados para decorar mi cuarto. Lo que recuerdo con más cariño fue que, durante esas tardes de no ir a clase, insistí a un proyeccionista del desparecido cine Salaberry de Madrid que me enseñara su oficio. Y aunque mi intención fuera la de colarme para ver las películas prohibidas para menores, conseguí aprender con 16 años a usar un proyector de varillas de carbón.

Cinema Paradiso

Cinema Paradiso

Yo no fui proyeccionista, ni director de cine  La vida me recompensó de otra forma: Durante mas de quince años estuve enseñando técnica y lenguaje cinematográfico, la historia del cine español y el cine surrealista en varias universidades norteamericanas, como la de Nueva York (N.Y.U.), ¡usando el mismo libro que me regalaron mis progenitores! Y por supuesto, recuperando con creces el dinero de mi “inversión juvenil”.

Y aunque me apoyaron con los libros, al mismo tiempo me recriminaban “mis gastos pecuniarios”. Aún escucho a mi padre decirme con mucha rabia contenida: “¡Es que se te va el dinero de los bolsillos!”, “¡no ahorras nunca, tienes agujeros en las manos por donde se te va el dinero!”, “¡eres un manirroto!”.

De esta forma, con estos mensajes, yo crecí pensando que no había tenido dinero. Sin embargo, y a excepción de una aventura que no salió bien, casi siempre lo  tuve y lo tengo. No me faltó para lo que he relatado, ni para un viaje o una formación, cuando lo he necesitado. Sobre todo, cuando mi corazón lo ha pedido.

Posiblemente, el origen de este tipo de abundancia sea el estar conectado con lo que nuestro corazón desea, con lo que realmente necesitamos y que está más cerca de nuestras emociones y de nuestra capacidad de apasionarnos, de soñar, de amar, de lo que los miedos de los padres o de la sociedad quieren que sintamos y que creamos.

(Continuará…)

Programa del Taller

El próximo taller de Coraje y Dinero (el camino de tu riqueza) se celebrará los días 9 y 10 de julio de 2016.

Coraje y Dinero (El poder de tu Riqueza)

Coraje y Dinero (El poder de tu Riqueza)


'CORAJE Y DINERO. El camino de tu riqueza (I)' Hay 3 comentarios

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  1. 26/07/2015 @ 10:03 Daniel

    Una experiencia única, llena de riqueza y sabiduría. En este taller me he llevado muchas cosas, en especial el valor que en realidad cada uno deberíamos darle al dinero, no su valor monetario ni su valor en cantidad, sino querer a mi dinero, apreciarlo y enriquecerme de el.
    Una vez mas todo esto gracias al gran maestro Luis Dorrego.

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  2. 03/03/2014 @ 16:05 Alejandro Barranco

    Una frase que se me quedó gravada fue la de que LO QUE SUCEDE CONVIENE.
    Viene a ser también HACER DE LA NECESIDAD UNA VIRTUD.
    Pero estas afirmaciones tienen que ver con tener un objetivo claro al cual te diriges, pase lo que pase, es decir, no hay obstaculo lo suficientemente importante en tu camino cuando sabes exactamente a donde quieres ir.

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    • 03/03/2014 @ 16:10 Luis Dorrego

      Completamente de acuerdo, Alejandro. Incluso podemos decir que tenemos una especie de destino al que sabemos que nos dirigimos, de una forma muy íntima..¿lo crees?

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