CRISIS, GUERRAS Y SANACIÓN (I)

¿Qué es lo que nos impulsa en estos últimas décadas a la necesidad de sanar de una forma cada vez más acuciante? ¿Es esto cierto o es fruto de una percepción sesgada? Para mi existen una serie de hechos que así lo corroboran.

Y en ocasiones, desde mi pequeñez, me siento manejado por hilos invisibles, tanto personal como colectivamente, y deseo salir afuera para ver la función desde los bastidores. Quiero comprenderme dentro de un mundo que necesita el conflicto para crecer,  pero que no desea el aniquilamiento de nuestros congéneres ese que al parecer que  vivimos día a día, al menos desde que tengo uso de razón.

Desde una perspectiva histórica, ¿qué ha sucedido en nuestro mundo para que vivamos este aniquilamiento, este exterminio cotidiano? Vivimos en medio de guerras y, a pesar de la insensibilización producida por la televisión y los medios, en nuestro fuero interior yace un pálpito de eterna lucha por la supervivencia… mucho mas agudizada desde hace unos sesenta años, tras el comienzo de la Guerra Nuclear. ¿Es por eso por lo que ante el temor de perecer nos sumamos a la furia de la destrucción?GUERRAS Y SANACION 1 copia

Este concepto de destrucción es nuevo en la era contemporánea. Las guerras del siglo XX y las que llevamos del XXI han sido diferentes. La Primera Guerra Mundial fue, a diferencia de las anteriores, una guerra larga. Esta larga duración implicó la necesidad de reclutar cada vez un mayor número de tropas, lo que terminó por afectar a una cantidad ingente de combatientes: millones de personas. (Las guerras anteriores no movilizaban a más de un millón). Además, fue una guerra cara, que movió mucho capital. Las fábricas se dedicaron a la producción de armamento, y la economía se volvió una economía de guerra, Y, dato curioso, lo fundamental para lograr la rendición del enemigo fue la asfixia económica, la guerra económica, por lo que se hizo necesario, además de controlar los frentes de tierra, controlar los mares y hacer la guerra contra la flota mercante. Lo dicho implicó, y esto es lo importante, que se vieron envueltos en el conflicto toda la población civil. Al principio aún no se bombardeó a los civiles, pero posteriormente, para destrozar la moral, se bombardearon las ciudades. Y por primera vez se ataca directamente a la población civil como objetivo de la guerra.

El bombardeo de ciudades, la muerte de civiles, busca asimismo el aniquilamiento. No forma parte de un conflicto bélico entre ejércitos, tal y como se había vivido hasta entonces.

A lo largo de esa guerra hubo ocho millones y medio de caídos en combate y otros seis millones y medio de civiles. Todas las cifras de muertos de esta guerra palidecen cuando se comparan con los sesenta millones de muertos de la Segunda Guerra Mundial, entre los que los civiles son un 45%  más que los militares. Especial relevancia tiene el peso de los bombardeos masivos a ciudades, con números ascendentes según avanza el conflicto. Y aquí no hacemos constar los genocidios que durante todo el siglo perduraron en el planeta.

¿Ha cambiado algo en la mente del ser humano para llegar a perpetrar estas masacres ? ¿O es nuestro eterno deseo de sobrevivir lo que nos conduce a estos crímenes?

El actor y fundador del dadaismo, Hugo, Ball, escribió en Berlín, 1913 : El mundo y la sociedad lucen así: la vida está completamente confinada y encadenada. Prevalece una especie de fatalismo económico; cada individuo, se resista o no, tiene asignado un rol específico y, con él, sus intereses y su carácter. La Iglesia es vista como una “fábrica de redención” de poca importancia; la literatura, como una válvula de seguridad… La cuestión más candente día y noche es: ¿Existe en algún lugar una fuerza lo suficientemente poderosa como para poner fin a este estado de situación? Y si no la hay, ¿cómo se puede escapar de él?

Como sabemos, durante los primeros años del siglo XX, tanto Freud como Jung, popularizan un termino, el inconsciente (personal y colectivo), una instancia a la cual la conciencia no tiene acceso. Y abren un camino que sigue hasta hoy…

Todas las pruebas indican que la sanación está el el inconsciente, tanto individual, como social, nacional o mundial.

Y no solo en las terapias al uso, el Arte es un magnifico exponente para exponer y resolver problemas.

Y fue precisamente durante la primera contienda mundial,  cuando André Bretón (1896-1966), un medico del frente en hospitales psiquiátricos, no pudo soportar tanta barbarie y se hizo consciente de que una sociedad que permite ese tipo de carnicería tenía que estar enferma. Durante ese tiempo estudió las obras de Sigmund Freud y sus experimentos con la escritura automática (escritura libre de todo control de la razón y de preocupaciones estéticas o morales), lo que influyó en su formulación de la teoría surrealista y se convirtió en pionero de los movimientos antirracionalistas conocidos como dadaísmo y surrealismo.

Para los surrealistas, el arte no era un fin en si mismo, sino una acción revolucionaria. Sus acciones buscaban la provocación, la convulsión personal y social, con el fin de liberar al ser humano de sus ataduras morales y mentales.  Para ellos era necesario cambiar el mundo a través de la mente inconsciente. El inconsciente es la región del intelecto donde el ser humano no objetiva la realidad sino que forma un todo con ella. El arte, en esa esfera, no es representación sino comunicación vital directa del individuo con el todo.

El surrealismo se fue diluyendo, debido, quizás a un hecho monumental y apocalíptico, los bombardeos atómicos sobre las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki y tras ellas, la Guerra Fría.

Nuestro inconsciente colectivo sabe y siente que es la primera vez en nuestra civilización que nuestra especie puede desaparecer. Las pequeñas guerras ha aumentado desde entonces, al tiempo que nuestros deseos de paz y de salud.

(continuará…)

 

 


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