Del erotismo del cortejo al encuentro miedoso

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¿Qué pasó con el cortejo? ¿Alguna vez os lo habéis preguntado?

Hace bastantes años quise enseñar a mis estudiantes universitarios norteamericanos en qué consistía ser un galán en un escenario del Siglo de Oro y aún los preparaba para que lo interpretaran. Claro, ellos carecían de referencias culturales, lo más cercano para ellos sería alguien parecido a Tom Cruise. La sorpresa vino cuando lo quise hacer con estudiantes españoles y tampoco funcionó, y tampoco lo conseguí con actores experimentados. Y me preguntaba cómo conseguiría interpretar a Lope de Vega sin unos referentes claros para esos actores. Porque el resultado final en la escena fluctuaba entre un matón de opereta y un melifluo espadachín.

El cortejo viene a ser el tiempo, los regalos y las finezas que un hombre se encargaba de hacer ante una mujer cuando la pretendía amorosa o sexualmente, o incluso, de una mujer a un hombre. De otra forma, buscar como agradarse o seducirse. Con los tiempos, el acceso de la mujer al mundo laboral y el poner atención en el lenguaje machista, el término ha quedado en desuso.

No estoy a favor de la parte machista del antiguo cortejo, donde, al parecer, se dejaba a la mujer un rol pasivo, pero, sin embargo, detrás de esta desaparición en nuestro habla cotidiana hay más elementos a tener en cuenta. Uno de ellos es el tiempo invertido, fruto también de otras épocas. Otros son el miedo a mostrarse, a exponerse y tener el valor para verse en el espejo del otro. Así, hoy mismo, una gran angustia nos invade si tenemos que hablar, invitar o llamar por teléfono a una persona que nos interesa. Para algunas personas incluso aparecen síntomas como sudoración, calores, palpitaciones, sensación de querer huir y escapar a ese momento.

Ahora, mujeres y hombres (posiblemente más mujeres) corren a lo que yo llamo “el encuentro miedoso” que, por muy placentero que pueda resultar (y resulta), olvida al ser humano en su profundidad. La adrenalina que genera el miedo a ser vulnerables y sentirse observados aumenta, si cabe, con la de sentirse cazadores. Corremos al encuentro del otro sin pararnos a sentir, a sentirnos. Corremos para ser los primeros en esa cacería. Muchos hombres con energía femenina lo hacen para no sentirse frágiles y muchas mujeres con energía masculina lo hacen por la misma razón. Y así, es posible, que muchas de las parejas que comienzan a formarse de esta manera se rompan cuando la descarga química se esfuma de nuestro cuerpo. Satisfacción inmediata, necesidad de dulces infantiles y olvido de nuestro género. CORTEJO 2 copia

No nos damos tiempo para mirarnos, para ser y sentirnos observados, como mujeres y como hombres. Ese matiz importante tenía el cortejo.

Ahora podríamos recuperar ese componente y mirarnos en los ojos de los demás y encontrarnos a nosotros mismos en el alma de los demás. ¿Qué nos da miedo a la intimidad? Por supuesto, y ¡qué otro placer podríamos encontrar en esos ojos que nos miran, en esas miradas…! ¡La intimidad del encuentro, comienzo de otras intimidades!

Y ¿cómo recuperar un erotismo amoroso si no es entrando por las ventanas del alma?

Así que te recomiendo que inviertas unos minutos para volver a mirar a los ojos a tu pareja y, sin intención, rencor o proyección, te sumerjas en las aguas de ese placer, sin palabras, y que luego permitas que tu cuerpo se exprese libremente.

Y si no la tienes (o si), juega a mirar a desconocidos en la calle, sin intención, abriéndote a la sorpresa. Permitiendo que los demás entren y vean cuán hermosos somos los seres humanos cuando dejamos de querer hacer y conquistar.

Quizá estemos inventando una nueva forma de cortejo.

Esto es lo que hacemos en nuestro Taller de Seducción, del que ahora se cumplen unos 10 años.


'Del erotismo del cortejo al encuentro miedoso' Hay 2 comentarios

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  1. 01/10/2014 @ 13:42 marisa

    Completamente cierto, hemos perdido la inocencia y el dejarnos sorprender.

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    • 01/10/2014 @ 20:56 Luis Dorrego

      Gracias, Marisa. Eso es lo que buscamos algunos que aún creemos en la Magia!

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