Días estupendos

Y siguiendo con el panorama teatral madrileño, me acerqué a ver una obra ¡tan española!: Días estupendos, escrita y dirigida por Alfredo Sanzol.

Me encanta poder escribir que he visto una obra “española” en 2010 después de estár viendo que los teatros se llenan con tanta imitación consciente e inconsciente de fórmulas foráneas, y en donde la última moda parece ser el escribir como Yasmina Reza, o al menos conseguir los taquillazos de sus obras.

¿Y por qué “tan española”?  Primera sorpresa: La obra comienza con una pachanga de pueblo, en las fiestas del pueblo claro, de un pueblo como casi todos los pueblos de este país. La cantante de la orquesta interpreta Mi jaca, modernizándola, copiando Wiked Games de Chris Isaak. Segunda sorpresa: el público parece que no se inmuta.

Días estupendos, de Alfredo Sanzol

Por la escena van sucediéndose personajes tan pocas veces frecuentados como un guardia civil de los años 60-70, tan buenazo que admira la permisividad de la Europa de los años 60 y que no castiga el desnudo de la turista, o el mozo -de esos mismos pueblos- que defiende la humanidad de su  pariente, aunque haya sido franquista, porque para él ha sido un buen hombre.

Tercera sorpresa: Me emocioné con el corto monólogo de la mujer embarazada que explica a su hijo que “va a nacer  para morir” y que eso no se lo podrá decir nunca después, cuando nazca.

Personajes humanos, personajes en los que reconocernos como sociedad, como individuos que pertenecen a un presente  y a un pasado no tan alejado, como muchos piensan; de unos comportamientos emocional y socialmente universales y ¡tan españoles!: El miedo al qué dirán, la hipocresía social, las despedidas tan teatrales y tan eternas…  Unidos a situaciones que parece que se salen de la realidad y sin embargo  tan creíbles: La amistad masculina que se mantiene ante una desviación pero que no tolera los celos, el torero que descubre que su perro es tan animal como los toros que sacrifica o la eterna envidia a la juventud perdida.

Una sorpresa más creada por Sanzol: Un etarra sale de cárcel despúes de años y vuelve a la casa familiar. ¡Qué maravilla poder ver a estos personajes en un escenario, por fín!

Escenas breves, que se suceden rápidamente sin apenas un cambio de luz. No cambian ni de vestuario los actores  ni el escenario, que se mantiene siempre naturalista, así como la interpretación. Los actores no parecen esforzarse demasiado para comunicar tantas emociones y tan diversas a todo el patio de butacas. Y quizá sean estos factores los que no permitan que termine de cuajar el espectáculo con un texto, insisto, tan formidable.

Última sorpresa: El público asistente no reaccionó ante ninguno de estos estímulos, ni los cómicos ni los trágicos. Parecía alertargado en sus butacas esperando algún tipo de humor televisivo o de efecto especial, añorando una interpretación farsesca o un guiño infantil. Parece que el público necesitará volver a creer que desde el escenario es posible que le cuenten historas suyas, y en Días estupendos eso ocurre. Ojalá suceda más a menudo.

P.S.: Antes de comenzar la función una actriz conocida mía, me dijo ante mi pregunta sobre el autor y su escritura: “Es fresquito, son obras muy fresquitas”. Sin comentarios.


'Días estupendos' No hay comentarios

¿Te gustaría compartir lo que estás pensando?

Tu dirección de email no será publicada.


Sé el primero en comentar esta entrada

Old Paper by ThunderThemes.net