Dos glorias de la escena

Con la distancia de pocos días he visto sobre los escenarios de Madrid a Ángel Pavlovsky  y  a Carlos Do Carmo, ambos ya en la setentena. A ambos los recuerdo con su buen hacer cautivando públicos y  convirtiéndose en referencia para muchos. Hoy utilizan su habitual foro para añorar tiempos pasados. Sus quejas, mas o menos veladas, se dirigen hacia la  ausencia de continuidad  en la tradición en la situación actual, cosa por demás bien cierta. Y paradojicamente, yo que fui a verlos con la intención de ver esa tradición no fácil de encontrar, me descubrí  a mi  mismo un tanto “moderno” y no tan deseoso de escuchar el lamento sobre la pérdida de ese hilo, sino  con ganas de ver en qué ha quedado  la evolución de su legado, es decir, con las ganas de ver a los que hayan recogido el testigo, tanto como continuarlo como para romper con el.

Ellos dos, amos de la escena, se saben dinosaurios y se resisten a abandonar el tablado sin dejar al público su arte y su sabiduría, con un poso hoy un tanto amargo. Y esa sensación un tanto agridulce, creo que no permite acercarse a los jóvenes que aún podrían llegar a conocerlos, disfrutarlos y seguir aprendiendo de ellos. La impresión que me ha quedado es que,  con mucho “oficio” y con poco espíritu, crean distancia entre su trabajo y la audiencia que estos días ha ido a verlos y aplaudirlos.

Yo aún me sigo debatiendo entre mi admiración  y su desconexión con el presente, lo que me irritaba de alguna forma. Quizá el tiempo se había detenido en ellos y en su público. Ninguno de ellos daban la impresión de buscar  a un público de 2010. Y quizá ya no lo necesiten.

Y aquí mis preguntas, surgidas en varios momentos de desconexión con estos espéctaculos:  ¿llega un momento vital en el que nos detenemos y no sabemos conectar con lo que sucede en el día a dia? ¿perderemos el contacto con “nuestro público”, sea el que sea? Y  me refiero tanto a los artistas como a los formadores, a los que buscamos algún tipo de “sanación”, los que estamos en contacto permanente con los demás.

Los nacimientos y muertes se suceden interminables  y se repiten los choques generacionales, los aprendizajes, las escuelas, los maestros, y  ¿dónde está nuestro presente? ¿con qué ritmo bailamos esta danza de la vida? ¿se ralentiza en un punto concreto?

Con estas disquisiciones veraniegas, aparecí en el momento presente aplaudiendo entre el público a dos verdaderos artistas, a dos hermosos monstruos de la escena que tantos momentos dulces me han hecho pasar.

¡Va por Carlos y Ángel!

¡Que disfrutéis de los videos y si podeís llegad a sus espectáculos!


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