Festival de Almagro y Emociones Actorales I

Primer fin de semana en el Festival de Teatro Clásico de Almagro y de nuevo aburrimiento, pena y algún que otro descubrimiento. Y de nuevo la sorpresa de que mis esperanzas de ver buen teatro que conmueva y movilice aún no se han perdido.

logo_festivaldealmagro

Creo que fue Camus el que dijo: “Viajar no es conocer lugares nuevos, sino volver al mismo lugar con ojos diferentes”, y así he regresado a Almagro (y ya van más de dos décadas), esta vez con nuevos ojos, los ojos del iniciado en sinergología, ese aspecto de la comunicación no verbal que ilustra sobre los gestos inconscientes, con la nueva mirada del que ha dedicado los últimos años de su experiencia formadora, que incluye además el último curso de Teatro y Crecimiento Personal, a profundizar sobre la relación entre el cuerpo y las emociones.

Y viendo la primera de las obras, desde mi butaca me preguntaba que cómo era posible que aún se siguiera produciendo con dinero público ese tipo de teatro… Y ya no era el antiguo argumento sobre el exceso de subvención y su fatal dirigismo, ya no se trataba de la vieja queja de la falta de relación real entre le público y el espectáculo y su manipulación en nombre de la mal llamada cultura, no. Esta vez el argumento era tan nuevo que me sorprendió. Se trataba de algo sencillo que desfilaba delante de nuestras narices sin que nos pudiéramos percatar a primera vista: ¡Los actores carecían de emoción en la escena!  ¿Cómo era posible aquello? ¿Quién se la había robado?

Aquella situación sacada de un imaginario kafkiano la estábamos viviendo desde hacía ya tiempo y nadie se había percatado. Hemos pasado todo este tiempo con las quejas sobre las administraciones y otras zarandajas y no nos acordamos del momento en que comenzó a desaparecer de las actrices y de  los actores sus emociones proyectadas, sus cuerpos expresivos, dolorosos, felices o trágicos. Y súbitamente en el escenario tenemos siluetas interpretativas  de diseño, poses frías, perfectas y vacías.

Casi todo actor hoy en la escena es razón, es el hemisferio izquierdo el que domina, sus cuerpos son postmodernos, imagen y símbolo, apariencia cada día más presente en lo cotidiano. ¿Nos estamos alejando de una sociedad emocionada en nuestro entorno? ¿Es por eso por lo que se desprecia a otras culturas que incluyen la capacidad humana del conmover? ¿Y no consistía en  eso el teatro,  compasión,  catarsis?

A veces me da la impresión de que el exceso de ideologización, herencia no exorcizada del pasado histórico, ha conseguido robar esta esencia a nuestros artistas teatrales. Imagino que los devotos de Piscator y de Brecht han depositado su semilla en las nuevas generaciones, como los alienígenas de aquellos filmes de los 50, y que han poseído a los directores y actores para hacernos creer que eso es teatro y que con su disfraz no lo vamos a ver nunca.

Solo me conmueve Francisco Nieva cuando al recibir el premio confiesa que se dedicó al teatro para cumplir con el deseo frustrado de su padre. Ved en el video cuando dice: “Yo soy mi padre”.

Frío, mucha frialdad es la que yo siento desde mi butaca en este Festival. Y el público aplaude, se pone en pie, contribuyendo a la apariencia de realidad.

Y mientras tanto otros espectadores se emocionaban con un gol de un futbolista. Y yo con ellos.


'Festival de Almagro y Emociones Actorales I' Hay 2 comentarios

¿Te gustaría compartir lo que estás pensando?

Tu dirección de email no será publicada.


  1. 17/07/2010 @ 17:11 Luis Dorrego

    Hola Cristina,

    gracias por tu comentario y espero que podamos hacer algo juntos algún día.

    Además me encanta que hables del compromiso de los actores, o de cualquier artista, con el mundo que nos toca vivir: Como tu, espero que en estas jóvenes generaciones se cocine una mayor sensibilidad hacia este tema. Y no solo desde el punto de vista ideológico, insisto, sino desde lo que somos los seres humanos, su totalidad y su complejidad. Su emocionabilidad y sensibilidad, su álito espiritual.

    Responder

  2. 17/07/2010 @ 01:32 Cristina Regueira

    Hola Luis

    Ya que no he visitado Almagro.

    He conectado con tu artículo sobretodo en lo referente a la falta de emociones del actor en el escenario imposibilitando el proceso catártico de espectador y actor. Me interesa mucho tu trabajo entre el cuerpo y las emociones.

    Considero que el problema del actor no es ni más ni menos que el problema del hombre en la sociedad actual en la que vivimos, y aunque pretendemos estar por encima y reivindicamos nuestro espacio necesario en esta sociedad desde otra sensibilidad está resultando muy difícil no transferir nuestro forma de vida en sus aspectos más cotidianos y dañinos de adaptabilidad a este sistema.

    Grande es el compromiso que nos toca vivir a los actores , al arte y la cultura en general.

    Responder

Old Paper by ThunderThemes.net