Huir o vivir en el conflicto

¿Huir o vivir en el conflicto?

Estas son dos formas de ver la cuestión, quizá extremas, y a pesar de ello, muy comunes. Nuestros comportamientos se balancean entre estos dos polos. Los hay que escapan a ese “enfrentamiento”,  al no decir lo que piensan y al no ser congruentes con lo que sienten. Y también están los que se callan directamente para no herir a los demás, así como, los que deciden no mirar a los ojos del otro por no ver sus propios miedos. Por otra parte están los que viven permanente en el conflicto, los que se irritan con cualquier cosa y, “claro, siempre hay cosas que encolerizan”. Incluso están los que son adictos al enfado, generando conflictos en todas o muchas facetas de su vida.

Y ¿qué sucedería si estuviéramos viviendo en un continuo conflicto que no vemos? ¿Forma parte de nuestra vida? ¿Y si  la mayoría de las personas escapamos de los conflictos como si eso fuera síntoma de algo positivo?¿No sería antinatural o contrario a nuestro ser?CONFLICTO 2 copia

El conflicto es, según los grandes pensadores, una lucha por el poder,  siguiendo a Freud; para Darwin consiste en la lucha por existir y por consiguiente, el énfasis reside en los procesos de adaptación y para Piaget, continuador del pensamiento darwiniano,  el conflicto consiste en una lucha por ser, ocupando un lugar relevante la resolución de problemas y el aprendizaje. Asimismo desde la biología, las situaciones conflictivas son generadas desde los instintos y por lo tanto naturales, y, por otro lado, la escuela pisco-sociológica afirma que las respuestas agresivas y violentas a los conflictos son fruto de comportamientos aprendidos.

Si el conflicto es vida, como decía Piaget, ¿por qué huimos de él?¿por qué nos asusta tanto que no sabemos como comportarnos ante ellos?

En en el teatro es la sal y la pimienta, no hay pieza de teatro o película sin un mínimo conflicto. La palabra drama nos llega del griego, del verbo drao: “yo hago”, y de ahí se acuña el término “acción dramática” (resultando una redundancia). Así, en el drama, la comedia o la tragedia, la acción proviene del conflicto, de la lucha entre dos ideas, conceptos o términos opuestos, que se desarrollan en la peripecia narrativa a través de las fuerzas antagónicas o protagónicas. También del griego clásico derivan las palabras antagonista y protagonista, exactamente de la palabra agón, que significa lucha, combate o partido. Antagonista proviene de anti, opuesto, contrario, y de agonistís, luchador. El término protagonista viene de protos, el primer luchador o jugador. El miedo del antagonista al no saber si va a ganar o perder una partida resulta la palabra agonía.

Estos modelos se aplican a cualquier texto, guión, representación o filme que contenga una narrativa dramática, que son la inmensa mayoría de ellos desde el comienzo de la humanidad.

El monólogo interior teatral nos muestra el conflicto entre lo que queremos y lo que deseamos y que, en ocasiones, se convierte en un dilema, y en otras en un caos que inmoviliza al personaje que se encuentra en estado shock. El conflicto entre personajes sigue la misma senda con variantes: lo que quiero y deseo o lo que tengo que hacer y lo que quiero. Mi obligación y mi necesidad, las leyes humanas y la ética individual. Esa es la historia del teatro occidental. Quizá se entienda, desde una perspectiva existencialista, más claramente con este ejemplo: Podemos observarnos a nosotros mismos como actores de nuestra vida, como los protagonistas de la misma, luchando contra nuestra gran antagonista, la muerte. Conocemos cuál va a ser el final de esta tragedia, sin embargo luchamos protagónicamente con todas nuestras fuerzas. Resumiendo, no huimos de este conflicto, ya que huir sería nuestro suicidio.

Yo, que no suelo huir de los conflictos,  acabo de vivir un par de experiencias de verdadero escape, sintiéndome en “agonía” en algunos momentos,  y me pregunto ¿qué factores han contribuido para que quisiera evitarlos? ¿En qué personaje de mi “pequeño drama” me convertí? ¿Protagonista o antagonista?

Yo creo que en ambos. Por una parte quería conseguir ser el protagonista y que mis deseos y, también, derechos, vencieran en la batalla, pero mi comportamiento me hizo ser el antagonista de mi propia necesidad, ya que el miedo se apoderó de mi de forma volcánica.

Se que mirar de cara al conflicto ayuda a solventarlo, me convierte en una persona libre, íntegra y congruente. El conflicto no resuelto nos ata emocionalmente y no hay nada peor que dedicar gran parte de  la jornada en quitarnos cargas emocionales sólo con el pensamiento ya que esto se convierte en una pescadilla que se muerde la cola: Nadie sale de un conflicto sólo con pensarlo. Por otra parte, a medida que nos descargamos emocionalmente crece nuestra libertad, por ello la comunicación, el hablarlo, el confrontarlo es comenzar a darle salida .

Como es sabido, la integridad  personal puede referirse a las personas educadas, honestas, que tienen control emocional, que tienen respeto por sí mismas, que tienen respeto por los demás, responsables, disciplinadas, directas, leales, y que tienen firmeza en sus acciones. El comportamiento de una persona íntegra no despista, no engaña,  es altamente comunicativo y fiable. La congruencia en nuestra comunicación nos conecta con emociones y sentimientos de dicha, alegría y felicidad.CONFLICTO 1 copia

Por ello mismo, con todo este conocimiento, qué me hizo no comunicar lo que sentía, qué contribuyó a esclavizarme de mi mente y mis cargas emocionales. Por un lado las excusas ante el miedo y por otro las creencias limitantes.

La mente crea compañeros de cama extraños: Las justificaciones no ayudan. Y me llené de justificaciones, tipo “es que mi perro se comió los deberes”. Afortunadamente tengo superada la estupenda “es que yo soy así”, pero me “abdujeron” otras tipo “es que quiero postergarlo para conseguir un beneficio mientras tanto” o “es que a lo mejor estoy equivocado”. Pues ¡vaya con la mente! ¡Con quién hace que me acueste! Y mientras tanto las emociones seguían depositando su carga química en mi cuerpo, aunque no llegaron a afectar físicamente como en otras ocasiones. La consecuencia negativa de no entrar en los conflictos muy a menudo es la carga emocional, tipo depresión o ira, estrés o ansiedad. En ocasiones esto se somatiza llegando a causar dolor físico amén de otras enfermedades.Y, ahora,  mirando hacia atrás puedo ver qué tipo de creencias limitantes me asaltaron inconscientemente en esos días, especialmente la de “no valgo”, que resulta un buen resumen para muchos de nosotros.

Aún hoy puedo escuchar más justificaciones en el fondo de mi ser que creen que me tranquilizarán emocionalmente, sin embargo mi cuerpo sabe que esto no le resultará útil ni a la larga ni a la corta. Que lo mejor es entrar en el conflicto siendo integro, congruente y, finalmente, libre.

O, quizá, que lo mejor es no prolongar los conflictos más allá de los primeros síntomas.


'Huir o vivir en el conflicto' Hay un comentario

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  1. 27/01/2016 @ 14:18 Natalia Pita

    Aquí interesante Luis!!! Mucho que aprender…

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