Las enfermedades y las Constelaciones Familiares

Las enfermedades son mis asistentes para que el paciente encuentre su propio camino y para que reconozca su lugar en el sistema y lo acepte. (…) Solo el asentimiento de la enfermedad puede liberar.
En “Enfermedad que sana”, de Ilse Kutschera, Christine Schaffler, Tiiu Bolzmann.

Desde hace años asisto, asombrado, al choque entre las diferentes conciencias los sistemas y cómo repercute en las enfermedades que sufrimos a través de las Constelaciones Familiares.

He visto como alguien prefiere vivir con una enfermedad desconocida antes que “traicionar” a su madre, también he visto como personas prefieren vivir con adicciones porque son fieles a lo que entienden como conciencia familiar y condicionan su vida a ese supuesto destino infranqueable .

La conciencia sirve para mantener el vínculo en los sistemas a los que pertenecemos , ya sea al sistema familiar o a los demás grupos sociales a los que vamos perteneciendo a lo largo de nuestra vida. Gracias a ese vínculo pudimos sobrevivir desde el comienzo de nuestra existencia. Puesto que pertenecimos al clan nos aseguramos la continuidad en la Vida. La supervivencia se consigue sintiéndonos incluidos y será la conciencia el timón que determine cuánto estamos vinculados a nuestro sistema familiar como primer lugar de pertenencia. La necesidad de pertenecer a ese sistema es inmensa y vital, como ya he explicado en otras ocasiones.

La conciencia, que nos permite conocer nuestra vinculación, nos mantiene alerta para seguir las reglas de cada sistema. Por ejemplo, en un sistema familiar o de amistad se tienen ciertos comportamientos que en los ámbitos laborales serían impensables.

Cuando cumplimos con la conciencia familiar tenemos “buena conciencia” y cuando no lo cumplimos tenemos “mala conciencia”. Por ejemplo, en la adolescencia o incluso de adulto, en el grupo de amigos esté bien visto vestir de una forma, ser de un club de fútbol o fumar y, por el contrario, en la casa de los padres no están permitidas ninguna de esas cosas. Es posible que esos padres e incluso los hermanos, no fumen, odien el deporte y vistan de una forma diferente. Está claro que con los amigos tendrás un tipo de conciencia frente a la de tu familia. De esta forma te podrás sentir perteneciente a un sistema o a otro dependiendo de comportamientos qué elijas. En definitiva, la conciencia individual choca con la conciencia familiar, social o del clan.
Estas actitudes nos lleva a sentirnos inocentes o culpables. En el caso anterior quizá si sigues las reglas de la familia te sentirás inocente y si no lo haces culpable.
Por supuesto esta conciencia nada tiene que ver con regla moral alguna, “las peores cosas se pueden hacer con buena conciencia”, afirmó Hellinger.
Muchos de los supervivientes de la Alemania nazi se sienten inocentes y sus descendientes sienten a estos antepasados y a ellos mismos como inocentes. Lo mismo ocurre con los que viven en dictaduras o sistemas inhumanos, a nadie le gusta sentirse culpable, ya que eso sería sentir que traicionamos a nuestro sistema-nación. Es una lealtad profunda.
La mala conciencia se genera cuando se traiciona la conciencia del sistema. En muchas ocasiones, la conciencia individual quiere separarse de la conciencia familiar y la social, esto crea un malestar grandísimo que puede derivar en un efecto somatizador ante ese conflicto.
Seguir o no seguir a la conciencia familiar marca un proceso intrapersonal profundo. Cuando eliges seguir tu camino aceptando que te desligas de las fuerzas inconscientes que te mantienen vinculado a tus raíces de una forma tan pesada que te impide caminar, creces y comienzas a mirar hacia tu futuro. Llevar ese tipo de cargas es como llevar un paso de Semana Santa, hay personas que eligen ser costaleros para continuar con la tradición, aunque les pese y les duela. Todo con el fin de no sentir la culpa de traicionar al Pasado, a la familia, etc.
Y ese dolor inconsciente, ese sentimiento de culpabilidad, se traduce muchas veces en enfermedades, ya que no sólo llevo el peso derivado de mi sistema familiar, sino también el del sistema social con sus conciencias particulares. Las dos conciencias incrementan mi peso, mi culpa, que en mi cuerpo se traduce de una forma clara a través de la somatización.

En un taller reciente de Constelacioens se observó este fenómeno: El cliente quería sanar una enfermedad desconocida y a la que los médicos no encontraban cura. En la constelación se vio que el representante del síntoma se acercaba amorosamente a un hijo no nacido de esta persona. Cuando pregunté, los tres representantes, cliente, síntoma y aborto estaban de acuerdo con esa hipótesis. Cuando el síntoma dijo al niño: “yo te pertenezco”, se produjo el acto liberador del comienzo de la sanación: reconocer lo que es. El hijo no nacido era un secreto para el resto del entorno familiar y de amistades incluso. La solución terapéutica era sencilla: que el hijo no nacido ocupará su lugar en el sistema para restablecer el orden roto. En suma, restituir a la familia su hijo, que desapareciera esa exclusión, que se supiese de su existencia. Para nuestra sorpresa, el cliente en cuestión eligió continuar con la enfermedad, es decir, con la carga, antes que anunciar a su familia que había cometido un acto no permitido esa comunidad. No pudo “traicionar a esos dos sistemas”, tenía mala conciencia.

En este caso esa conciencia es limitante y no permite vivir saludablemente. Y al fin y al cabo, elegimos, consciente o inconscientemente lo que hacemos en la vida. Por eso, en muchas ocasiones, cuando no queremos sanar, también es una elección- El primcipal meta-principio sistémico se trata de aceptar lo que es, aunque esta verdad sea dolorosa.


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