Un real cambio

El pasado día 7 de noviembre de 2011 tuve una de las sorpresas mas felices de los últimos días: en la Universidad Complutense de Madrid impartí un taller de Integración Grupal para unas cincuenta personas que comenzaban un curso de iniciación para formarse como profesores de Español Lengua Extranjera (ELE), dentro de las actuviddades del Centro Complutense para la Enseñanza del Español (http://www.ucm.es/info/cextran/Index.htm) que dirige Inmaculada Delgado. Fueron cuatro horas donde compartimos inquietudes y diversión, aprendizaje e intelecto. El objetivo era mostrar técnicas de construcción de grupos, y  es fácil de imaginar que enseñar a cómo movilizar a un grupo al tiempo que se integran los propios participantes no es una tarea fácil en cuatro horas.

Y durante varios momentos recordé los inicios de esta forma lúdica, orgánica y poderosa de impartir talleres de aprendizaje que he hecho mía. Y recordé aquel lejano 1988 donde, en el castillo de las Navas del Marqués, y ante una treintena de profesores de español de todo el mundo presenté este tipo de actividades a las que puse por titulo: Técnicas dramáticas para la enseñanza del español.  La sorpresa inicial y el miedo a sentir, a jugar, a tener experiencias dentro del aula, cargaron la dialéctica de aquellos compañeros que tildaron el taller como “inadecuado”,”falto de metodología” y “de locos”.

No podían imaginarse a ellos mismos dando una clase de ELE sin sillas, mesas, anotaciones, pizarras y medios audiovisuales como pricipales recursos de su enseñanza. Tampoco conocían los métodos que ya eran norma en otros países de Europa, como Gran Bretaña o Francia.

Y, ¿en qué consistía este “método del diablo” que asusta aún hoy a mas de uno? Básicamente en reconocer que el aprendizaje de las lenguas era y es algo mas que una destreza, algo mas que una suma de competencias y que puede llegar a convertirse en una verdadera y potente reflexión sobre la identidad de cada uno de nosotros. Bajo mi puntos de vista se formula desde el  aprender a ser, el aprender a ser otro, en vivir una nueva personalidad, donde la mente racional y las emociones van al unísono, donde la mente consciente e inconsciente no están separadas. Es decir una metodología que quiere emular el aprendizaje de la lengua materna, usando el cuerpo y las emociones como vehículo primero del aprendizaje. No en vano el documento  “Marco común europeo de referencia para las lenguas: aprendizaje, enseñanza, evaluación” (http://cvc.cervantes.es/ensenanza/biblioteca_ele/marco/),  lo destaca, después de hablar de las diferentes competencias, como Competencia Existencial.

Mantengo la teoría de que cuando estamos estudiando un nuevo idioma “no somos nosotros” en nuestra totalidad y complejidad los que nos estamos expresando en esa lengua. Por ejemplo, se nos cambia la voz,  se agudiza, falta un tiempo hasta que usemos nuestra propia tonalidad. Nuestro cuerpo se tensa y aparece el miedo, o los miedos, las vergüenzas y el ridículo. Hasta que no llegamos a ser “ese otro”, ese “nuevo personaje”, no podemos llegar a ser bilingües, (si eso es posible), y hasta que no soñamos en ese idioma parece que no hemos terminado de crear la nueva identidad.

Afortunadamente 1988 pasó y llegaron otros tiempos, algunas publicaciones, dos en forma de libro (http://www.luisdorrego.com/) y más talleres y cursos que cimentaron esta nueva forma de enseñanza. Hoy ya hay muchas personas y muchos profesionales que las adaptan a su día a día y lugares como el Centro Complupense que desde años fomenta esta visión en la formación de formadores, así como otras instituciones.

Lo del pasado día, ese encuentro con 54 personas, fue un paso más, uno para mi importante: se produjo un verdadero reconocimiento entre personas, la mayoría jóvenes, que comprendían y se reconocían en esta dinámica. E insisto que la mayoría no cumpliría los 30 años y aún así su capacidad de escucha y de asimilación fue espectacular. No recuerdo a un público tan ávido y satisfactoriamente sorprendido. Algo está cambiando y lo tenemos delante de nuestras narices,  estas nuevas generaciones a las que hemos llamado de todo, tienen los ojos y los oídos bien abiertos y el corazón en la mano lleno de sinceridad.

Durante estos años hemos sido muchos los que hemos puesto ese grano de arena necesario para que esto ocurra, y por mi parte reconociendo y honrando a mis modelos que fueron personas que, la mayoría de las veces, desde el extrajero, trajeron ideas y experiencias bálsamicas.  A todo ellos, mis maestros, dedico este post, especialmente a mi querida “profesora de inglés”, Carmen Echevarría, maestra de muchos.


'Un real cambio' Hay 2 comentarios

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  1. 11/11/2011 @ 08:49 Hortensia

    ¡Caramba! ¿podría ayudarme a mejorar definitivamente mi inglés?
    Me alegra tu éxito Luis. Un abrazo,

    Responder

  2. 08/11/2011 @ 22:24 irene

    Desde luego, fue una experiencia tan divertida como reveladora. Para mi, la clave de esas cuatro horas estuvo en un consejo: Volved al primer método de enseñanza: ninguno ( o aprender a aprender, a comunicar, a observar el mundo de otra manera). Como perenne estudiante de inglés, voy a aplicarme a mi misma todo lo vivido en tu clase, a ver si asi consigo enseñarme!!
    Gracias por inspirarnos. Saludos con emoticonos 🙂 🙁 😉 😛 o_O
    irene

    Responder

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